La historia política de la España contemporánea no puede entenderse sin sus fracturas internas. Una de las más decisivas, cuyas ondas expansivas marcaron todo el siglo XX, tuvo lugar un frío domingo, el 5 de enero de 1919.
Ese día, en el seno del socialismo español, se consumó un divorcio ideológico que llevaba años gestándose. No fue una simple disputa burocrática, sino el reflejo nacional de un terremoto que sacudía el mundo entero: el triunfo de la Revolución Bolchevique en Rusia.
El contexto: Vientos rojos desde el Este
Para entender lo que ocurrió aquel 5 de enero, hay que mirar a 1917. La toma del poder por parte de los bolcheviques de Lenin en Rusia supuso un faro de esperanza para las clases trabajadoras de toda Europa, hastiadas por la carnicería de la Primera Guerra Mundial y las condiciones de vida precarias.
En España, un país neutral durante la Gran Guerra pero sumido en una profunda crisis social y política (la crisis del sistema de la Restauración), el ejemplo ruso prendió con fuerza. Se vivía el llamado «Trienio Bolchevique», con huelgas masivas y revueltas campesinas, especialmente en Andalucía y Cataluña.
El mundo obrero se dividió en una pregunta fundamental: ¿Reforma o Revolución?
- La Segunda Internacional (socialdemócrata, donde estaba el PSOE) abogaba por la vía parlamentaria y las reformas graduales.
- La Tercera Internacional (o Komintern), fundada por Lenin en Moscú en marzo de 1919, exigía la vía revolucionaria y la insurrección armada para instaurar la dictadura del proletariado.

La tensión dentro del PSOE
El Partido Socialista Obrero Español (PSOE), fundado por Pablo Iglesias Posse, mantenía una postura cauta y reformista, alineada con la Segunda Internacional. Sin embargo, sus cachorros, las Juventudes Socialistas, estaban imbuidos de un fervor revolucionario mucho más intenso.
Los jóvenes veían a la dirección del partido como aburguesada, lenta e incapaz de aprovechar el momento histórico para derribar la monarquía y el capitalismo en España. La tensión entre la «vieja guardia» de Iglesias y los jóvenes radicales se volvió insostenible a finales de 1918. El debate no era otro que: seguir en la Segunda Internacional o adherirse incondicionalmente a la Tercera Internacional de Moscú.
El V Congreso: La decisión irrevocable
El clímax de esta tensión llegó durante el V Congreso de la Federación de Juventudes Socialistas, celebrado en Madrid en los primeros días de enero de 1919.
El debate fue encendido. Los partidarios de Lenin, liderados por figuras jóvenes y carismáticas, presentaron la disyuntiva final. El 5 de enero de 1919, se procedió a la votación crucial. El resultado fue abrumador a favor de las tesis revolucionarias.
La mayoría de la organización juvenil decidió romper amarras con su partido madre, el PSOE, y con la Segunda Internacional.
Nace el «Partido Comunista Español»
Ese mismo día, tras la votación, los escindidos dieron un paso histórico: transformaron su organización y fundaron el Partido Comunista Español.
Este fue el primer partido nítidamente comunista de la historia de España, nacido directamente de la admiración por el modelo soviético. Su objetivo era claro: seguir las directrices de Moscú y preparar la revolución en España.
Es importante destacar —para el rigor histórico— que este no es aún el PCE definitivo que conocemos hoy. La historia del comunismo español inicial es compleja:
- El 5 de enero de 1919 nacía este primer «Partido Comunista Español» (desde las Juventudes).
- Un año más tarde (abril de 1920), otro sector más adulto del PSOE, los llamados «terceristas», se escindiría también para formar el Partido Comunista Obrero Español (PCOE).
- Finalmente, en 1921, bajo la presión de Lenin y la Komintern (que no quería dos partidos comunistas en un mismo país), ambas facciones se fusionarían para crear el definitivo Partido Comunista de España (PCE).
Sin embargo, la chispa inicial, la primera gran ruptura que abrió el camino al comunismo organizado en nuestro país, se encendió aquel 5 de enero de 1919. Una fecha clave que redefinió el mapa de las izquierdas en España para siempre.
