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4 de Enero de 1978: El Audaz Jaque Mate de la Preautonomía Vasca

4 de Enero de 1978: El Audaz Jaque Mate de la Preautonomía Vasca
Tal día como hoy, el 4 de enero de 1978, en los despachos de una Moncloa envuelta en el humo del tabaco negro y la tensión del invierno político madrileño, se tomó una de las decisiones más arriesgadas y trascendentales de la Transición Española. Aquel día, el gobierno de Adolfo Suárez aprobó el decreto-ley que instauraba el régimen de preautonomía para el País Vasco y Navarra, dando luz verde a la creación del Consejo General Vasco (Eusko Kontseilu Nagusia).

Un País al Borde del Abismo
Para comprender la magnitud de este paso, hay que situarse en el contexto de una España que caminaba sobre el filo de la navaja. Enero de 1978. Franco había muerto hacía poco más de dos años, las primeras elecciones democráticas se habían celebrado apenas seis meses antes, y la Constitución que hoy conocemos era todavía un borrador lleno de tachaduras y discusiones encendidas en la Comisión Constitucional.

El Estado estaba centralizado, pero la realidad en las calles hervía. El «problema vasco» era el nudo gordiano de la naciente democracia. Con la violencia de ETA golpeando con una brutalidad inusitada y manifestaciones masivas en las calles de Bilbao y San Sebastián exigiendo amnistía y estatuto de autonomía, la situación era insostenible. Suárez sabía que si no se daba una salida política urgente a la cuestión territorial, todo el edificio de la Transición podía derrumbarse antes de ser construido.

La Ingeniería Política de Suárez
La aprobación de la preautonomía vasca aquel 4 de enero fue un ejercicio de audacia política y de «realpolitik». Suárez no esperó a que la Constitución estuviera aprobada para definir el modelo territorial. Se adelantó a los acontecimientos.

La medida fue el resultado de meses de negociaciones secretas y un encaje de bolillos extenuante entre el gobierno de la UCD, el PNV (con figuras clave como Juan de Ajuriaguerra y Xabier Arzalluz) y el PSOE vasco. El objetivo era claro: institucionalizar el conflicto. Había que sacar la reivindicación de la calle y meterla en las instituciones, ofreciendo un cauce legal para las aspiraciones de autogobierno antes de que la olla a presión estallara definitivamente.

El Consejo General Vasco: La Primera Piedra
Lo que se aprobó aquel día no era una autonomía plena, sino un órgano provisional: el Consejo General Vasco. Carecía de competencias ejecutivas reales en un principio y su función era preparar el camino hacia el futuro Estatuto de Gernika. Sin embargo, su carga simbólica era gigantesca.

Suponía el reconocimiento oficial por parte del Estado de la singularidad vasca y la aceptación implícita de que el modelo centralista había muerto. Semanas después, este órgano echaría a andar, eligiendo al socialista Ramón Rubial como su primer presidente (Lehendakari preautonómico), en una maniobra que demostraba la complejidad de los equilibrios políticos de la época.

El Laboratorio del Estado Autonómico
La decisión del 4 de enero de 1978 (siguiendo la estela del restablecimiento de la Generalitat de Cataluña meses antes) fue fundamental. Aquel frío día de invierno se estaban poniendo los cimientos reales de lo que meses después la Constitución consagraría en su Título VIII: el Estado de las Autonomías.

Suárez demostró ese día que la política es el arte de lo posible en las circunstancias más adversas. La preautonomía vasca fue un cortafuegos vital, una apuesta arriesgada que permitió ganar tiempo y espacio político para que la democracia pudiera asentarse en uno de sus territorios más convulsos. Recordar esta fecha es recordar cómo se construyó la arquitectura territorial de la España moderna: no sobre un plano ideal, sino sobre la marcha, bajo presión y con la urgencia de evitar el desastre.