El 13 de abril deja en la historia de España tres escenas muy distintas y con bastante fuerza. En 1499, la bula de Alejandro VI dio respaldo decisivo al proyecto universitario de Alcalá de Henares, una de las grandes empresas culturales impulsadas por Cisneros. En 1913, Madrid vivió un nuevo intento de atentado contra Alfonso XIII, reflejo de la enorme tensión política y social de la época. Y en 1978, el proceso andaluz avanzó hacia la preautonomía, dentro de uno de los movimientos territoriales más importantes de la Transición.

1499: la bula que abrió el camino a la Universidad de Alcalá
El 13 de abril de 1499, el papa Alejandro VI autorizó mediante bula la fundación del colegio promovido por Francisco Jiménez de Cisneros en Alcalá de Henares, paso fundamental en el nacimiento de la futura Universidad de Alcalá. No fue un simple trámite eclesiástico: aquel respaldo pontificio daba forma legal y prestigio internacional a uno de los proyectos intelectuales más ambiciosos de la España de los Reyes Católicos. Alcalá acabaría convirtiéndose en uno de los grandes focos del humanismo hispánico, ligado al estudio de la teología, el derecho y las artes, y sería además una referencia clave en la cultura española del Renacimiento.

1913: otro atentado contra Alfonso XIII en el corazón de Madrid
El 13 de abril de 1913, el anarquista Rafael Sancho Alegre intentó asesinar a Alfonso XIII en Madrid, en la calle del Turco. El atentado fracasó, pero el episodio volvió a mostrar hasta qué punto el reinado estaba rodeado de violencia política, conspiración y crispación social. España arrastraba desde hacía años un clima muy duro, con terrorismo anarquista, conflictividad obrera y una profunda fragilidad institucional. Este nuevo intento contra el rey se sumó a una larga cadena de amenazas y reforzó la imagen de una monarquía que vivía bajo presión constante en los años previos al gran derrumbe del sistema de la Restauración.

1978: Andalucía avanzaba hacia su autogobierno
En abril de 1978, el proceso andaluz dio un paso decisivo con la consolidación del camino hacia la preautonomía, dentro de la nueva arquitectura territorial que empezaba a definirse en la España democrática. Aquel impulso no nació de la nada: venía precedido por la movilización andaluza de 1977 y por la actuación de la Asamblea de Parlamentarios Andaluces, que empujó la creación de un ente preautonómico. Ese avance de abril fue uno de los escalones esenciales del proceso que acabaría desembocando en la Junta de Andalucía y, más adelante, en el Estatuto de Autonomía. Fue, en definitiva, una de las fechas del largo arranque institucional de la Andalucía contemporánea.
