Cada 7 de mayo, la historia de España nos recuerda episodios clave que han forjado su identidad: tensiones territoriales, luchas por el poder y el precio de la libertad. Estos acontecimientos, separados por siglos, reflejan las constantes tensiones entre centralismo y autonomía, absolutismo y liberalismo, y la huella imborrable de conflictos internacionales en el destino nacional.

1640 — La Sublevación de Cataluña y el preludio de la Guerra de los Segadores
En 1640, bajo el reinado de Felipe IV, las tensiones acumuladas en Cataluña estallaron en una revuelta que marcaría un antes y un después en la historia de la Monarquía Hispánica. El conflicto tenía raíces profundas: la política del valido conde-duque de Olivares, que buscaba imponer la “Unión de Armas” para repartir los costes de las guerras europeas (especialmente contra Francia en el marco de la Guerra de los Treinta Años). Esto implicaba alojamiento forzoso de tropas, requisas de suministros y un aumento de la presión fiscal sobre el Principado de Cataluña, que gozaba de fueros y privilegios propios.
El detonante fue el malestar de los campesinos y segadores (jornaleros agrícolas) contra los abusos de los tercios reales —muchos de ellos mercenarios extranjeros—. El 7 de junio de 1640 (Corpus Christi), conocido como el Corpus de Sangre, una multitud de segadores entró en Barcelona y asesinó al virrey, el conde de Santa Coloma, en medio de una revuelta popular. Los gritos de “¡Viva la fe de Cristo! ¡Viva el Rey! ¡Muera el mal gobierno!” resumían la mezcla de lealtad monárquica y rechazo al abuso.
Esta sublevación derivó en la Guerra de los Segadores (1640-1652), con la proclamación temporal de la República Catalana bajo protección francesa y la posterior anexión de territorios como el Rosellón al reino de Francia tras el Tratado de los Pirineos (1659). Fue un conflicto devastador que debilitó aún más a la monarquía española y subrayó las dificultades para gobernar un vasto imperio pluralsin respetar las singularidades regionales.

1824 — Fernando VII consolida la restauración absolutista
Tras el Trienio Liberal (1820-1823), interrumpido por la intervención francesa de los “Cien Mil Hijos de San Luis”, Fernando VII (“el Deseado”) consolidó en 1824 su regreso al absolutismo pleno, inaugurando la llamada Década Ominosa (1823-1833). Este año marcó el endurecimiento de la represión contra liberales, masones y constitucionalistas.
El monarca derogó definitivamente las reformas de Cádiz, cerró universidades temporalmente, prohibió sociedades secretas (como la masonería mediante real cédula) y activó una dura persecución política. Se crearon cuerpos de voluntarios realistas y se intensificó el control policial. Aunque se promulgó un indulto en mayo de 1824, sus numerosas excepciones lo convirtieron en una herramienta más de represión que de reconciliación.
Esta etapa consolidó un régimen autoritario que frenó las aspiraciones liberales, pero también coincidió con la pérdida definitiva de gran parte de las colonias americanas (como la Capitulación de Ayacucho en diciembre de 1824). Fernando VII logró mantener el trono, pero a costa de un profundo divisionismo interno que alimentaría futuros conflictos, como las Guerras Carlistas.

1945 — La liberación de los españoles en Mauthausen
En mayo de 1945, mientras Europa celebraba el fin de la Segunda Guerra Mundial, las tropas aliadas liberaron el campo de concentración nazi de Mauthausen-Gusen (Austria). Miles de republicanos españoles —exiliados tras la Guerra Civil— habían sido deportados allí como prisioneros políticos, identificados con el triángulo azul invertido y el número de matrícula. Muchos llegaron tras pasar por otros campos o tras su captura en Francia ocupada.
El 5 de mayo de 1945 (próximo al 7), la 11ª División Acorazada estadounidense liberó el campo. Los supervivientes españoles izaron banderas republicanas y colgaron una pancarta que rezaba: “Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas liberadoras”. Se estima que más de 7.000 españoles pasaron por Mauthausen; alrededor de la mitad no sobrevivió a las duras condiciones de trabajo en la cantera, las ejecuciones y las marchas de la muerte.
Esta liberación simboliza el drama del exilio republicano y el compromiso de muchos españoles en la lucha internacional contra el fascismo. Para los supervivientes, sin embargo, no supuso un regreso inmediato a España: el régimen franquista les impidió volver con facilidad, obligando a muchos a rehacer su vida en Francia u otros países.
Estos eventos del 7 de mayo nos invitan a reflexionar sobre la complejidad de la historia española: luchas por la autonomía, oscilaciones entre absolutismo y libertad, y el sacrificio de quienes defendieron ideales democráticos en los momentos más oscuros del siglo XX. Recordarlos no solo honra el pasado, sino que nos ayuda a comprender mejor el presente. ¿Qué otros “tal día como hoy” te gustaría explorar?
