Las Dos Caras de la Barcelona de 1912
La Barcelona de 1912 era una metrópoli convulsa, una ciudad de contrastes violentos que aún exhalaba el humo y la pólvora de la Semana Trágica de 1909. El aire del Raval —el asfixiante Distrito V— era una amalgama de humedad estancada, el hedor de las alcantarillas abiertas y el hacinamiento de los antiguos conventos. En este ecosistema de precariado, la opulencia de las veladas en el Liceo Políglota (a menudo confundido por el mito con el Gran Teatre) convivía con la miseria más abyecta. En el corazón de esta fractura habitaba Enriqueta Martí, una mujer que parecía encarnar las dos almas, irreconciliables y enfermas, de la ciudad.

«Su solitaria existencia era bastante sospechosa para la vecindad… Cuando salía por las mañanas iba astrosa, mugrienta, como una mendiga de la peor laya; y por las tardes, vestida de seda, con plumas en el sombrero.»
Esta metamorfosis no era un delirio estético, sino una necesidad estratégica. Su imagen matutina de mendiga le permitía infiltrarse en las colas de pan de los conventos y mercados para identificar a los niños más vulnerables; su transformación vespertina en «dama» le abría las puertas del Casino de la Arrabassada, donde actuaba como intermediaria para una burguesía que buscaba en el submundo remedios para su propia decadencia. Este equilibrio precario saltaría por los aires con la desaparición de una niña en la calle San Vicente.
El Desvanecimiento de Teresita Guitart: 17 Días de Misterio
El secuestro de la pequeña Teresita Guitart, el 10 de febrero de 1912, funcionó como el catalizador de una opinión pública ya fatigada por la inseguridad sistémica. Sin embargo, Teresita no era la primera víctima del radar de Enriqueta; ya en 1906, una mujer aragonesa de Alcañiz había denunciado cómo una mujer de «extraordinaria amabilidad» le había robado a su bebé tras ganarse su confianza.
La resolución del caso de 1912 no fue fruto de una brillantez policial, sino de la perspicacia de la vecina Claudia Elías, quien divisó a una niña de pelo rapado en un ventanal del número 29 de la calle Poniente (actual Joaquín Costa). Tras las dudas iniciales, la presión vecinal forzó a los agentes de la brigada Ribot a actuar. Los hallazgos iniciales revelaron la magnitud del engaño:
- El rescate: La policía halló a Teresita Guitart y a una niña llamada Angelita.
- La mentira materna: Enriqueta afirmaba que Angelita era su hija, pero su marido, Joan Pujaló —un pintor vegetariano y excéntrico de larguísimos bigotes con ansias de figurar—, declaró que nunca habían tenido descendencia.
- El robo de identidad: Se descubrió que Angelita era en realidad hija de la cuñada de Enriqueta, María Pujaló, a quien la «Vampira» había hecho creer que la niña nació muerta para quedársela.
La pasividad inicial de las autoridades, que solo actuaron bajo la sombra de un posible motín popular, dio paso a un registro profundo donde la crónica negra se fundió con el horror gótico.
El Matadero de la Calle Poniente: ¿Realidad o Delirio Mediático?
La prensa de la época, consciente de que el morbo multiplicaba las tiradas, transformó el domicilio de Enriqueta en un «guion gore». Se describió un escenario donde un payaso de juguete llamado Emi servía como señuelo macabro para atraer a las víctimas hacia un salón decorado con ropas infantiles de lujo, el cual contrastaba con el resto de la estancia, de olor nauseabundo y muebles destripados.
Objeto Hallado Uso atribuido por la «Leyenda Negra» (Invención mediática)
Sacos con restos óseos (humanos y animales) Ingredientes para elixires y pócimas medicinales.
Frascos con sangre coagulada y grasa humana Remedios para curar la tuberculosis y la anemia de la élite.
Cabellos, manos esqueletizadas y polvo de hueso Base para ungüentos de «eterna juventud» y «filtros» mágicos.
Libros de recetas en elegante caligrafía Manuales de brujería y fórmulas de curanderismo sádico.
El testimonio más demoledor fue el de Angelita, quien relató cómo vio a Enriqueta asesinar a un niño llamado Pepito sobre la mesa del comedor. Según las fuentes, el relato evocaba una versión real y sangrienta de Hansel y Gretel. Estas revelaciones, amplificadas por los reporteros, cristalizaron los mitos de la «Vampira» y la «Sacamantecas», figuras necesarias para un imaginario colectivo que buscaba un monstruo tangible al que culpar.
La Trama de la Élite y el Chivo Expiatorio
Para la historiografía crítica, Enriqueta Martí fue una «cortina oscura» tras la cual se ocultaba la corrupción estructural. En su piso se halló una controvertida lista de nombres y paquetes de cartas escritas en lenguaje cifrado, cuyo contenido desató el pánico en las altas esferas.
- La versión oficial (ABC): Sostuvo que la lista contenía nombres de personas a las que Enriqueta mendigaba o estafaba.
- La sospecha popular: Se creía que era una cartera de clientes poderosos (médicos, políticos y empresarios) compradores de sangre y servicios de pederastia.
- El burdel de la impunidad: Se recordó su detención en 1909 en un burdel de la calle Minerva, del que salió libre sin cargos. En contraste, las fuentes citan el burdel de la calle Botella, donde la multa por violar a un niño era de apenas 50 pesetas, evidenciando la protección institucional a los clientes.
Enriqueta fue la intermediaria necesaria en un sistema que traficaba niños hacia fábricas de vidrio en Francia o los explotaba en la mendicidad local. Ella era el eslabón más débil y, por tanto, el más fácil de sacrificar.
El Final de la «Mala Dona»: Muerte y Desmitificación
El 12 de mayo de 1913, Enriqueta Martí murió en la prisión de Reina Amalia. Su desaparición física antes de ser juzgada permitió que la leyenda devorara definitivamente la verdad jurídica.
Mito vs. Realidad de su muerte:
- Mito: Se propagó que fue linchada o envenenada por sus compañeras de celda para silenciar los nombres de sus clientes de la alta sociedad.
- Realidad: El obituario y el acta de defunción confirman que murió de cáncer de útero.
Las investigaciones forenses modernas, lideradas por Jordi Corominas y Elsa Plaza, han desmontado el andamiaje del horror. Los médicos de 1912, en un error o manipulación flagrante, llegaron a confundir cráneos de conejo con los de niños para alimentar la narrativa de la prensa. Corominas sostiene que la sangre hallada en sus ropas no era de sus víctimas, sino de las hemorragias provocadas por su propio carcinoma. Enriqueta fue un personaje catártico: la burguesía proyectó en esta mujer andrajosa y enferma sus propios pecados de explotación y pederastia. La ciudad prefirió inventar un demonio antes que reconocer su propia miseria.
El Fantasma que Habita la Novela
Convertida en una «superstar del crimen», el legado de Enriqueta Martí persiste hoy como un mito literario, especialmente tras saberse que su proceso judicial de 1.800 folios fue, literalmente, «comido por las ratas».
Legado Cultural Contemporáneo:
- Literatura: Obras fundamentales como La mala dona de Marc Pastor, El cielo bajo los pies de Elsa Plaza, El misterio de la calle Poniente de Fernando Gómez y los diarios ficticios de Pierrot.
- Escena y Música: El musical de Albert Guinovart ha elevado la historia a pieza de culto, utilizando el Grand Guignol para denunciar la hipocresía social.
- Cine y TV: La película La vampira de Barcelona (2020) de Lluís Danés y su aparición en la serie El Ministerio del Tiempo.
Bajo la tierra anónima de Montjuïc, Enriqueta Martí calla, mientras la Barcelona que la inventó sigue buscando, en cada sombra del Raval, el reflejo de su propia culpa.
