El 25 de enero es una fecha que nos invita a viajar por tres momentos clave de la historia, enlazando la solemnidad de la realeza española, los secretos de la corte inglesa y la pasión del fútbol andaluz. Un día donde el poder, el amor prohibido y el deporte rey se dan la mano.

1516: El último viaje de Fernando el Católico a Granada El 25 de enero de 1516, los restos mortales del rey Fernando II de Aragón, conocido como Fernando el Católico, fueron depositados en la Capilla Real de Granada. Fallecido tres días antes en Madrigalejo (Cáceres), su cuerpo fue trasladado en solemne procesión hasta la ciudad que él mismo había reconquistado en 1492. Se cumplía así su última voluntad: descansar eternamente junto a su esposa, la reina Isabel I de Castilla. Ambos monarcas, artífices de la unidad de España y del descubrimiento de América, reposan desde entonces en un magnífico sepulcro de mármol esculpido por el italiano Domenico Fancelli, en el corazón de la ciudad nazarí que tanto anhelaron.
1533: La boda secreta que desafió a Roma En un clima de secretismo y tensión, el rey Enrique VIII de Inglaterra contrajo matrimonio con Ana Bolena el 25 de enero de 1533 en una capilla privada del Palacio de Whitehall, en Londres. Esta unión, la segunda del monarca, se celebró mientras aún estaba casado oficialmente con su primera esposa, Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos. El deseo desesperado de Enrique VIII por tener un heredero varón y su pasión por Ana Bolena le llevaron a desafiar la autoridad del Papa Clemente VII, quien se negaba a anular su primer matrimonio. Este acto de rebeldía desencadenó el Cisma de la Iglesia de Inglaterra, la ruptura definitiva con Roma y la creación del Anglicanismo, transformando para siempre la historia religiosa y política de Europa.


1890: Nace la pasión sevillista En la noche del 25 de enero de 1890, un grupo de jóvenes, en su mayoría británicos afincados en la ciudad por negocios, se reunió en un café de Sevilla para celebrar la tradicional «Noche de Burns», una fiesta escocesa. Entre brindis y charlas, la conversación derivó hacia la necesidad de practicar deporte. Fue allí, en ese ambiente distendido, donde se decidió fundar el «Sevilla Football Club», nombrando como primer presidente al vicecónsul británico Edward F. Johnston y como secretario a Isaías White, hijo del dueño de la compañía de aguas de la ciudad. Aquella noche, en un café, nació uno de los clubes con más historia, tradición y pasión del fútbol español y europeo, cuyo escudo y colores rojiblancos siguen vibrando hoy en día en el Ramón Sánchez-Pizjuán.
