Un 24 de enero en la historia contemporánea de España no es una fecha cualquiera. Es una jornada que nos obliga a mirar de frente las luces y las sombras del siglo XX. Este día aglutina tres eventos que, aunque distantes en el tiempo, reflejan las profundas transformaciones del país: desde el intervencionismo económico de una dictadura militar, pasando por la búsqueda de legitimidad internacional en los albores de la democracia, hasta llegar a la noche más trágica y decisiva de la Transición.

1928: Nace el gigante energético CAMPSA
Durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera, el gobierno tomó una decisión estratégica de primer orden: nacionalizar el sector de los hidrocarburos. Hasta ese momento, el mercado estaba dominado por compañías extranjeras como Shell o Standard Oil. El 24 de enero de 1928 se constituía oficialmente la Compañía Arrendataria del Monopolio de Petróleos, S.A. (CAMPSA). El Estado expropió las instalaciones de las empresas foráneas y otorgó a CAMPSA la administración exclusiva de la importación, refino, distribución y venta de productos petrolíferos en España. Este monopolio estatal moldeó el paisaje energético y económico del país durante más de seis décadas, hasta su liberalización tras la entrada de España en la CEE.

1976: España y EE.UU. blindan su alianza en plena Transición Apenas dos meses después de la muerte de Franco y con el rey Juan Carlos I recién ascendido al trono, España necesitaba urgentemente legitimidad y apoyo internacional para iniciar su complejo camino hacia la democracia. En este contexto de incertidumbre geopolítica y Guerra Fría, se firmó en Madrid el nuevo Tratado de Amistad y Cooperación entre España y Estados Unidos. Este acuerdo actualizaba los antiguos pactos de 1953, elevando la relación a un nuevo estatus diplomático y asegurando la permanencia de las estratégicas bases militares norteamericanas en suelo español (Rota, Torrejón, Zaragoza y Morón). Fue un respaldo decisivo de Washington al proceso de reforma política que comenzaba.
1977: La Matanza de Atocha,
el dolor que aceleró la democracia La noche del 24 de enero de 1977, la violencia de la ultraderecha intentó descarrilar el tren de la democracia. Un comando extremista irrumpió en el despacho de abogados laboralistas de Comisiones Obreras (CCOO), situado en el número 55 de la calle Atocha de Madrid, abriendo fuego contra los presentes. Cinco personas fueron asesinadas: los abogados Enrique Valdelvira Ibáñez, Luis Javier Benavides Orgaz y Francisco Javier Sauquillo, el estudiante de derecho Serafín Holgado y el administrativo Ángel Rodríguez Leal. Otras cuatro personas resultaron gravemente heridas.


El brutal atentado conmocionó a la sociedad española. Lejos de provocar la reacción violenta que buscaban los asesinos, la respuesta fue una multitudinaria y silenciosa manifestación de duelo y civismo durante el funeral. Este acto de responsabilidad política por parte de la oposición y el Partido Comunista de España (PCE) se convirtió en un catalizador irreversible. La Matanza de Atocha demostró que la reforma no podía esperar más, precipitando la legalización del PCE en abril de ese mismo año y consolidando el camino hacia las primeras elecciones democráticas.
