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Crónica de la Evasión en el Monte Ezkaba

La gran Fuga de la prisión de la cárcel de San Cristóbal

De Fortaleza Estratégica a Penal Político

Dominando la cuenca de Pamplona desde la cima del monte Ezkaba, el Fuerte de San Cristóbal representa un hito terminal en la poliorcética española del siglo XIX. Proyectado tras el sitio de Pamplona durante la Tercera Guerra Carlista (1872-1876), su ubicación respondía a la necesidad de negar al enemigo una posición elevada para el bombardeo artillero de la ciudad. No obstante, su construcción (1878-1919) coincidió con una revolución tecnológica que transformó esta joya de la ingeniería neomedieval en un anacronismo estructural antes de su inauguración operativa.

El Fuerte de Alfonso XII fue diseñado como una fortaleza poligonal de magnitud excepcional, con una superficie de 615.876 m². Su configuración técnica incluía tres pisos aéreos y tres niveles horadados directamente en la roca, garantizando una resistencia teórica contra asedios prolongados. Para su ejecución, se movilizaron recursos logísticos de vanguardia, incluyendo 1.600 metros de vías férreas con 79 vagonetas y un sistema de bombeo de agua movido por vapor desde una estación cercana a Berriozar para salvar el desnivel del monte. Sin embargo, la aparición de la aviación militar y la «verticalidad» del campo de batalla durante la Gran Guerra anularon la efectividad de sus defensas de sillería y tierra, dejando el fuerte incapaz de resistir la penetración aérea.

La ironía técnica de este recinto es profunda: una estructura diseñada para la defensa exterior y el prestigio del Estado terminó operando como un contenedor hermético de represión interna. Esta obsolescencia estratégica facilitó su inmediata reconversión en penal a partir de 1934, tras la Revolución de Octubre, consolidándose bajo el mando franquista en 1936 como una de las ergástulas más severas del régimen.

El Ecosistema del Penal: Condiciones de Vida y Gestión de la Precariedad

    En el Fuerte de San Cristóbal, el control penitenciario no se limitó a la vigilancia armada, sino que se ejerció mediante la gestión sistemática de la precariedad biológica. El aislamiento del monte Ezkaba y el diseño de la fortaleza, optimizado para el acantonamiento temporal de tropas y no para la habitabilidad permanente de civiles, crearon un ecosistema de aniquilación. Resulta un contraste logístico flagrante que una infraestructura capaz de elevar agua mediante motores de vapor fuera incapaz de suministrar higiene básica a los reclusos.

    Las condiciones documentadas revelan un régimen de privación absoluta:

    • Hacinamiento: El recinto albergó a casi 2.500 detenidos. En naves diseñadas para destacamentos reducidos, los presos disponían de apenas 1 m² por persona, pernoctando directamente sobre el suelo de piedra.
    • Desnutrición y Enfermedad: La dieta, basada en agua caliente y mondas de patata, derivó en una mortalidad de 305 presos por causas naturales (tuberculosis, anemia) entre 1937 y 1945.
    • Gestión del Terror: La moral de la población se veía erosionada por las «falsas libertades». Se ha documentado que 101 presos fueron asesinados tras recibir órdenes de salida, entregados extraoficialmente a milicias para ser ejecutados en las inmediaciones.

    La saturación de cadáveres obligó a una «industrialización» de la muerte. Los ayuntamientos de la Cendea de Ansoáin, ante el desbordamiento de sus pequeños cementerios locales, presionaron a las autoridades militares para que el fuerte gestionara sus propios enterramientos, lo que derivó en la creación del cementerio intramuros. Este clima de desesperación biológica y administrativa fue el catalizador definitivo de la conspiración de 1938.

    La Conspiración Silenciosa: Organización y el Uso del Esperanto

      Pese a la red de informantes, un núcleo de treinta presos políticos articuló una conspiración de alta precisión técnica. Ante la vigilancia militar, los conjurados utilizaron el esperanto no solo como un código lingüístico ininteligible para los guardias, sino como una declaración de los ideales proletarios e internacionalistas de la época. Este idioma permitió coordinar la logística de la fuga sin levantar sospechas en un entorno de vigilancia total.

      La organización subordinó la diversidad ideológica (anarquistas, comunistas y socialistas) a un objetivo operativo común: la neutralización de la guardia y la apertura del recinto.

      Perfiles Clave de la Organización (Fuga de 1938)

      Nombre Afiliación Origen Destino Final
      Leopoldo Picó Pérez PCE Vizcaya / Cantabria Asesinado en el monte tras la fuga.
      Juan Alzuaz Urquijo CNT / FAI Vizcaya Asesinado durante la persecución.
      Baltasar Rabanillos R. Gremio Panadero Valladolid Fusilado en Vuelta del Castillo, Pamplona (08-09-1938).
      Calixto Carbonero Nieto Gremio Viajantes Valladolid Fusilado en Vuelta del Castillo, Pamplona (08-09-1938).
      Bautista Álvarez Blanco Gremio Fontaneros Valladolid Fusilado en Vuelta del Castillo, Pamplona (08-09-1938).

      La fecha crítica se fijó para el domingo 22 de mayo de 1938, aprovechando el relevo de guardia y la reducida operatividad de la guarnición durante el domingo de permisos.

      Cronología de la Evasión: Los 30 Minutos que Desafiaron al Régimen

        La ejecución del plan se inició durante la hora del «rancho», momento de mayor relajación táctica. Los conjurados desarmaron a los centinelas de las brigadas principales mediante sorpresa y superioridad numérica. Leopoldo Picó, en una maniobra de audacia, utilizó el uniforme de un guardia capturado para neutralizar puestos de control sin disparar una sola salva.

        En treinta minutos, los reclusos se apoderaron de 70 fusiles Mauser y abrieron las puertas exteriores. Sin embargo, de los 2.487 presos, solo 795 decidieron huir. Una gran parte de la población reclusa, debilitada o víctima de la paranoia, sospechó que se trataba de una «evasión consentida»: una trampa orquestada por la dirección para justificar una ejecución masiva bajo la ley de fugas.

        La ventana de oportunidad se cerró abruptamente cuando un soldado que regresaba al fuerte y el preso falangista Ángel Alcázar de Velasco lograron dar la alerta. Alcázar de Velasco corrió hacia el cuartel de Aizoáin, permitiendo que antes del alba el monte Ezkaba fuera cercado por tropas equipadas con reflectores, iniciando una persecución implacable por la orografía navarra.

        La Persecución y la Represión Sumaria en el Monte

          La movilización estatal fue total, implicando al Ejército, la Guardia Civil y voluntarios de Falange y el Requeté en lo que las fuentes locales describen como una «cacería». Los fugitivos, descalzos y desorientados, se enfrentaron a un cerco militar tecnológicamente superior.

          El análisis estadístico de la represión es elocuente:

          • Fugados: 795.
          • Recapturados: 585 (259 en las primeras 24 horas).
          • Asesinados en el monte: 206 individuos (187 identificados y 20 no identificados).
          • Ejecuciones Judiciales: 14 fusilados en septiembre de 1938 tras consejo de guerra.

          Desde una perspectiva forense, existe un contraste absoluto entre las actas oficiales, que atribuían las muertes a «traumatismos accidentales» o «enfrentamientos», y la realidad arqueológica. Las exhumaciones lideradas por Aranzadi (como en Olabe, con 16 cuerpos) han revelado cráneos con orificios de entrada por proyectil y el característico «tiro de gracia», desmintiendo la narrativa de combate y confirmando la ejecución sumaria de hombres desarmados.

          Supervivencia y Redes de Solidaridad Civil

            La resistencia individual y la solidaridad civil se erigieron como el único contrapunto a la maquinaria del Estado. Únicamente tres hombres alcanzaron Francia tras una odisea de extenuación: Jovino Fernández, José Marinero y Valentín Lorenzo. Especial relevancia técnica tiene el caso de Amador Rodríguez «Tarzán», quien logró evadir la captura hasta el 14 de agosto de 1938, sobreviviendo durante tres meses en las cuevas del monte alimentándose exclusivamente de ranas y cangrejos.

            Este soporte vital fue posible gracias a redes de solidaridad femenina, con las hermanas Irigoyen (Petra, Carmen, Nicasia y Juliana) a la cabeza. Estas mujeres desafiaron la vigilancia para suministrar alimentos, gestionar la correspondencia clandestina y realizar el lavado de ropa infestada de parásitos. Su labor no fue solo humanitaria, sino logística, manteniendo el precario vínculo de los presos con el mundo exterior en un entorno diseñado para su aniquilación.

            El Legado Forense y Documental: El Cementerio de las Botellas y el GR-225

              La reconstrucción científica de los hechos se ha apoyado en el registro arqueológico del «Cementerio de las Botellas». Debido a la mortalidad masiva, se inhumó a 131 fallecidos siguiendo un protocolo singular: colocar una botella de vidrio entre las piernas del cadáver con los datos del recluso (nombre, procedencia y fecha). Este registro, atribuido al capellán ante la presión de los ayuntamientos de la zona, ha permitido la identificación de restos décadas después de su desaparición administrativa.

              En el ámbito institucional, el fuerte fue declarado «Lugar de Memoria Democrática» en abril de 2026, estableciendo el recinto como espacio de reparación. El sendero GR-225 articula hoy esta memoria a través de su geografía:

              • Etapa 1: Ezkaba – Olabe (13,7 km): Inicio del cerco y zona de máxima densidad de capturas.
              • Etapa 2: Olabe – Saigots (14,0 km): Puntos de represión crítica, incluyendo la Fosa de los Gallegos.
              • Etapa 3: Saigots – Sorogain (15,3 km): Tramo de alta montaña que determinó el agotamiento biológico de los huidos.
              • Etapa 4: Sorogain – Urepel (9,6 km): Cruce de la muga hacia Francia; incluye la estatua dedicada a Jovino Fernández.

              La geografía del monte Ezkaba ha transitado de ser un nodo de confinamiento hermético a convertirse en un aula abierta de historia. La fuga de 1938 permanece como el evento de evasión carcelaria más numeroso en la historia de Europa, un colapso del sistema penitenciario militarizado donde la voluntad de supervivencia desafió, por un breve periodo, a la estructura de poder más hermética del siglo XX español.

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