Si el calendario histórico fuera una ruleta, el 24 de febrero sería una de esas casillas donde la bola cae con una fuerza inusitada. En este mismo día, separados por siglos, España ha visto nacer al hombre más poderoso de la cristiandad, ha asestado el golpe militar definitivo a su mayor rival europeo, ha escuchado el primer llanto de su poeta más melancólica y ha respirado aliviada tras superar su noche más oscura.

1500: Nace el César en Gante
En la fría ciudad de Gante (Flandes), nace un niño destinado a heredar el mundo. Es Carlos de Habsburgo, el futuro Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico. Su nacimiento marca el inicio de una era donde la monarquía hispánica alcanzará una extensión territorial sin precedentes, un imperio global «donde nunca se ponía el sol».
1525: Pavía, la humillación suprema de Francia
Exactamente 25 años después del nacimiento de Carlos, sus tropas le regalan la victoria militar más aplastante de su reinado. En los campos embarrados de Pavía (Italia), los Tercios españoles destrozan la famosa caballería pesada francesa. La victoria es total: el propio rey de Francia, Francisco I, es capturado en el campo de batalla. España se confirma como la potencia hegemónica indiscutible de Europa.


1812: Rosalía, la voz de la «saudade»
Saltamos casi tres siglos y cambiamos el estruendo de la guerra por el susurro de la poesía. En Santiago de Compostela nace Rosalía de Castro. En una España convulsa por la Guerra de la Independencia, llega al mundo la mujer que se convertirá en el alma del «Rexurdimento» gallego, capaz de elevar la «saudade» y la melancolía de su tierra a la categoría de arte universal.
1981: El mediodía de la libertad
Si el 23 de febrero fue el día del miedo, el 24 fue el día del alivio. Tras una noche interminable con el Congreso secuestrado, el golpe de Estado fracasa. Al mediodía del 24 de febrero de 1981, el teniente coronel Tejero se rinde y libera a los diputados. Las imágenes de ese día no son de tensión, sino de una democracia que, aunque herida, demostró ser más fuerte que las armas.

